(editorial Calambur, Madrid, 2013)

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El fin y la caída



escribo poemas a dos metros del apocalipsis
un día anular    con una hoz de tierra
en las postrimerías de mi tiempo de mi mundo de esta edad
sin uñas
escribo poemas,
anillado al amor como un niño amansado.

juan me acompaña y hay luz en sus ojos
la misma luz exacta que no vimos entonces
yo escribo poemas    él no suelta mi mano
la tierra se ha apartado  instintivamente

un poco más abajo las historias
ya han sido todas relatadas:
los profetas buscan agua
recogen pronto sus agujas
se aprietan en los patios a esperar el fin de esta tormenta

mi hijo (que ha apretado mi mano)
pregunta si ¿ahora?

yo le digo que nunca,
en el curso de la historia del hombre,
había sido más lícito escribir un poema

(la tierra ha respirado y
en todos sus termómetros se acunan los erizos
los francotiradores han dejado sus puestos
y en ellos ya no quedan sino piel y colillas)

todo el mundo sabe,
todo el mundo espera

finalmente no hubo el agua que anunciaron los augurios,
el agua que devasta autopistas y campos:
sino agua de los tronchacadáveres,
agua nuestra y lisa de mis antepasados,
agua para el fin de los días, para el rezo en los colchones
cercados de plegarias

las historias, en efecto,
finalmente han sido ya contadas:
solo yo escribo poemas, en las postrimerías del tiempo,
empuñando una hoz que se hinca en la tierra.

mi otra mano en mi hijo
tiembla con la edad que aguardan los hombres
y no hay muerto que hoy no tenga su muerto apretado,
ni su duda de arista, ni su alivio inasible

la tierra, más abajo, se achicó sin sorpresas
hace ya más de dos horas que callaron las ciudades:
el pan con levadura ha quedado colmado
y en poco más de un rato saldrán de los colegios
(de todos los solares) (de todos sus arcones)
los niños derramando su empeño de cinturas

todo el mundo lo sabe,
todo el mundo lo espera

mientras tanto contesto
(delante de una mano que conduce a mi hijo)
que nunca como ahora
fue más lícito escribir un poema:

este
          poema
que hinco en la tierra, empuñando una hoz.

: sí,   yo escribo todo esto
a dos metros contados del apocalipsis
un día anular      con una hoz de tierra:

juan (que me acompaña) ha soltado mi mano

y unidos en la dicha,
contemplamos sobre el curso del agua

     (juntos)   (para siempre)

el fin y la caída
del Capitalismo.